domingo, 19 de abril de 2009

Próxima parada

En la mitad exacta del cigarrillo el 549 se detuvo ante mí, casi instintivamente. La situación, que más me irrita por repetirse, genera en mí una maldita sensación alegre. Cuesta dejarlo ir, envejecido de pronto, pero cómo seducen esas causalidades, más cuando no hay tanta gente delante de uno en la fila y dos, cuatro, trece. Tal vez ligue asiento.
No será el premio mayor asiento único monopolizador de ventanilla, pero sentarse atrás tiene su magnificencia si uno tiene atisbos de optimismo. Tal vez, si hubiese agarrado el premio mayor asiento único monopolizador de ventanilla pero de adelante, una mujer a días de parir podría ascender al vehículo, con la monumentalidad de una panza que me dejaría imposibilitado de caer en la tentación de confundirla con alguien que ha incurrido en la torpeza de comer postres compulsivamente. O qué hay de un choque frontal. Algarabía la mía, por sentarme detrás.
Hay algo de entrañable en esa gente que cuando viaja parece meterse tan dentro (de) su-yo, como aquellos que se acuerdan tarde de bajar porque van leyendo plácidamente, o esos que permanecen mirando un punto fijo mientras repiten de manera autista un segmento de una canción en sus reproductores portátiles. O esos que simplemente miran a través de la ventanilla un paisaje que miran todos los días, pero que todos los días ofrece algo distinto, porque la gente no sale todos los días con la misma ropa, porque a lo mejor aparece algún pájaro nuevo en el cielo.
El señor de unas pocas canas que se sentó a mi lado era uno de esos que ignoraba los límites invisibles y exactos que se trazan entre los que compartimos viaje en las horas más tortuosas, pues posó parte de su sobretodo en mi falda, causando en mí tal sensación de hastío que era imposible partir de ese trasfondo para generar cualquier intento de complicidad, que este colectivo de mierda no llega más, que denle un asiento a la señorita por favor, que háganme el favor de mirar cómo estamos viajando.
Lo miré de pronto, como con una bronca acumulada en años, como dirigiéndole los peores improperios sólo con la mirada. Creo que comprendió el mensaje, porque enseguida lanzó un ruidoso suspiro y puso el sobretodo de manera vertical, de tal forma que la prenda comenzó a rozar el piso y a sufrir las consecuencias de las pisadas de los otros.
El señor de las pocas canas miró a la señorita de minifalda que estaba a mi derecha y rieron, con una atontada tensión, como escondiendo algo. Había algo raro, y todo aquello ya empezaba a incomodarme. Había algo más y con seguridad yo era fatal presa, quedaba descontada la posibilidad de formar parte de ese vaivén de miradas que esta vez no parecía decir qué colectivo de mierda, ni denle un asiento a la señorita, ni nada que se le parezca.
Yo no podía formar parte porque con el señor de canas jamás hubiésemos trabado una relación amistosa, y la señorita de minifalda era de esas que van tan asustadas como si siempre tuvieran miedo de que uno se sobrepasara. La seguidilla de miradas no cesaba y yo comenzaba a preocuparme, qué diablos tendré en la maleta, cuánta plata en la billetera. Llegué a la conclusión de que no llevaba nada valioso pero comencé a transpirar.
Comencé a transpirar porque esa es mi tendencia cuando me invade la incertidumbre, no era miedo sino ingenuidad, porque esta gente se traía algo entre manos y cómo podía ser que yo, teniéndolos a mi lado no pudiera comprender lo que tramaban, me sentía la antítesis del héroe; pensé que si a alguien le pasaba algo en este viaje otoñal del 549 la culpa iba a ser mía, por mi culpa, por mi culpa, por mi gran culpa, aunque nada tuviera que ver con todo esto mi mentirosa fe cristiana.
Cuando uno no tiene miedo, sino ingenuidad sobre lo que está pasando alrededor, es muy normal que apele a un recurso que muy bien no le hace: recordar situaciones pasadas en las que uno fue o no protagonista y que tienen un punto de conexión con la situación actual en la que uno sí es protagonista. Creo que es ahí cuando la ingenuidad deja de ser tal para dar paso al miedo, porque es entonces cuando la situación actual comienza a tomar forma, a instalarse en una secuencia de acontecimientos que pueden estar ligados por la crudeza.
En el medio de la paranoia, recé hasta recuperar la calma porque acostumbro a rezar en circunstancias límites, y mi transpiración se fue con la fresca, de un saque. Esa fresca que fastidiaba al señor y a la señorita, porque de repente el señor del sobretodo negro se levantó, y con violencia, le cerró la ventanilla al viejo de adelante que iba mirando el paisaje de todos los días. Plaf. La señorita respiró.

sábado, 14 de febrero de 2009

Está ese retorno a lo viejo, con rabioso aroma a antiguo y rastros de memoria. Porque hay cosas de las que no se puede escapar. Un nuevo incendio para apagar otro mar de dudas. Son las pasiones, siderales motores de la vida.
Son el espejo del propio ser. Liberación, inyección de vida. El alma sale despedida del cuerpo y el cuerpo se cruza con mi otro yo, materializado en sonidos de mi creación. Me despido y me rehago en sonidos, tan del aire, tan míos. Hoy los manejo como recuerdos sin tiempo.
Hay cosas de las que no se puede escapar. Las pasiones, siderales motores de la vida.

sábado, 7 de febrero de 2009

Invocación

Pedazos de uña configuran un aleph del mal.
Enciendo un cigarrillo de humo salvador.
Enorme maquinaria del placer - displacer es el deseo… del Otro leí algo, pero no me como la potencialidad de tanto.
Es que además pareciera que el Edén tiene su lugar en la cumbre. Prefiero la imprecisión de “lugar insospechado”. Y ya llevo demasiados paseos amarillos.

lunes, 15 de diciembre de 2008

aRtE

http://es.youtube.com/watch?v=Gy2CK_k6oEo&feature=related

Tifón. Muestra Jóvenes Iniciales 2008. Daniela Eugenia.

miércoles, 3 de diciembre de 2008

Homenaje


Porque te lo merecés.
Porque te lo ganaste.
Porque sos musipito.
Ejemplar.
Sublime.
Mágico.

Mis felicitaciones para vos, compañero de aventuras. Y para los otros cuatro vagos, claro.


domingo, 9 de noviembre de 2008

Lajaula


Enjauladas maldiciones,
malditas maldiciones.
Castigadas lágrimas
jugando enjauladas
a llover por dentro.
Con la nada misma
llenándolo todo.
Histérica manía
de jugar con las palabras
y que ellas acaben
jugando conmigo.
Maldito encierro
de pensamientos en choque.
Y qué me importa
lo que me importa
si mañana ya no me importa
y si acaso ni el mañana me importa
pues sólo existe
como espejismo de pensamiento
y si hay mañana
qué me importa.
Malditas jaulas
de maldiciones enjauladas,
de palabras que rugen
como leones de zoológicos,
tristes y vacías
y ojerosas
por las noches malditas
en que no durmieron.
Con lo que cuesta armar un full,
armar algún puto full
y jugarlo en este paño Dios.

sábado, 25 de octubre de 2008

La vida es una sucesión de situaciones (planos). Esas situaciones y su contenido no tienen sentido per se, sólo lo tienen en relación con otros elementos / situaciones (sintagma). La vida se presenta como una continuidad de acciones; existe entonces un efecto de progresión, temporalidad. Vivimos la vida narrativamente, pero nuestra existencia sólo es tal en presente (imagen).

Un gran montaje íntegramente constituido por imágenes subjetivas… al estilo La dama del lago.

martes, 21 de octubre de 2008

ES ELLA


Decir Cumbio es mucho más que decir la estupidez de la postmodernidad. Decir Cumbio es más que hablar de las causas perdidas de la adolescencia. Decir Cumbio es más que invocar a la diosa de los floggers y que hablar de un nuevo modo de comunicarse. Cuando hablamos del fenómeno Cumbio no podemos circunscribirlo a conductas inherentes a una edad determinada o a ámbitos tan cercados como el del origen y consolidación de una nueva tribu urbana. Cumbio es eso, un fenómeno, y conlleva demasiadas aristas. Pasar por alto alguna de ellas es caer en la crítica apocalíptica infundada.

Es preciso reconocer que existe un fenómeno y que, como tal, conlleva una serie de causas y de consecuencias. Lejos estamos de conocerlas, pero al menos reconozcamos la mera existencia de este fenómeno, desmenucémoslo, y sólo así elevaremos nuestra crítica apocalíptica a un estado de validez, aún permaneciendo en el ámbito de la doxa.

En principio, decir Cumbio es advertir una nueva forma de fama, como mecanismo paradójico porque Cumbio se hizo famosa por el sólo hecho de que otros fervientes amantes de fotolog querían fama. Y es también exponencial, porque, mientras más adolescentes se motivaban por esta búsqueda encarnizada de fama, la fama de Cumbio se acrecentaba. ¿Un nuevo rasgo del capital social, en el sentido de Bordieu?

Se trata de un tipo de reconocimiento similar al que adquieren las criaturas salidas de los realities: en cuanto a sus orígenes, no advierte ningún mérito, obedece a necesidades de voyeurismo y de exhibicionismo y se materializa en el adueñamiento de la psiquis de los participantes al mejor estilo 1984. En sus ulteriores consecuencias, no puede más que ser efímero e inmiscuirse en el banal show business.

Desde la lógica comercial, Cumbio es la Tinelli del mundo fotolog. No por nada está próxima a ser la cara de una marca como Nike, dirigida al público joven de más altos recursos. No por nada esta nueva figura popular se presenta en algún evento de la noche y cobra por eso quinientos pesos. No por nada protagonizará una obra de teatro. No por nada. Cumbio entendió el negocio.

Aberrante, grito desesperanzado de una realidad que está pariendo algo que no quiere parir. También podremos gozar del revoloteo de la pluma de Cumbio. Que prácticamente todo lo que nos rodea es negocio no es novedad, pero el fenómeno flogger abre un nuevo capítulo, porque Cumbio salió despedida del mundo cibernético al de los negocios, en un santiamén, por el solo hecho de que su fotolog recibió tres millones de visitas en un año.

El peligro de banalizar la cuestión se incrementa aún más si la abordamos desde una perspectiva ideológica. Porque lo ideológico no necesariamente es sinónimo de revolucionario. Y no necesariamente está permeado de contenido político. Ideológico es, según el semiólogo Eliseo Verón, la relación que existe entre un determinado tipo de discurso y sus condiciones de producción. En tal sentido, todo lo que nos atraviesa como sociedad es ideológico, porque todo discurso es ideológico.

Podrían desilusionarse los teóricos que advertían el fin de las ideologías, porque estamos en presencia de una ideología no ideológica –en su sentido más revolucionario y político. Hay un riesgo: a veces, lo que menos ideológico parece, más lo es. Sin ir más lejos, así es el cine hollywoodense que consumimos, con desatención e inocentemente.

Son demasiadas cosas las que están pasando. Sólo que antes había que buscarlas afuera. Hoy la mayoría de los cambios estallan en otros lados. Es necesario meternos adentro para comprender su lógica. O podemos darnos una vuelta por el Abasto.

jueves, 2 de octubre de 2008

Grises

¿Cuántas de esas nubes grises hay? Están en todos lados. Son los mediocres, los imbéciles, los necios, los groseros, los carentes de imaginación.
Parecen no dirigirse a ningún lado, son tarareos de una canción repetida y fastidiada. Son profundamente grises. Y lo son con presura.
Se estrellan con atolondradamente y sin atrasos contra lo que no eligen. Burlándose de los débiles, juzgando a los fuertes y pavoneándose de no ser excesivos.

“Ni muy muy, ni tan tan ¿Viste?”

Son nubarrones que, lejos de estar cargados de una tempestuosa y frenética tormenta, apenas se insinúan con algunas tibias gotas de desasosiego. Atiborrados exclusivamente de sentido común. Son la media, el promedio, aborrecen la excepción.

¿Yo? Prefiero ser un sufrido, un genio, un artista, un drogadicto, un tocado, un inadaptado, un Nobel, un sibarita o un marginal, un agradecido de la vida o un suicida.
Cualquier cosa. Blanco, negro, multicolor. Pero me rehúso a ser un gris.

Mariano Crimi

miércoles, 20 de agosto de 2008

Clara (canción)


Creo en el milagro hoy.
Creo en la satisfacción.
Creo que a veces me elevo
y que puedo llegar
a un lugar impensado,
a alguna verdad.

Y es ahí donde puedo ver
el pasillo de la claridad.
Sin morir puedo revivir,
sin soñar puedo despertar.

Creo en las palabras que no salieron
en los motivos que no existieron.
Creo en eso.

Creo en lo real de la imaginación,
en el fantasma de la indecisión
como espejo.

Creo que a veces me pierdo
y que puedo encontrar
un lugar impensado,
alguna verdad.

Y es ahí donde puedo ver
el pasillo de la claridad.
Sin morir puedo revivir,
sin soñar puedo despertar.

Palacio de arena (canción)


Me vendiste un palacio de arena
y te lo compré.
Me vendiste mil soles perpetuos
y nada de luz.
Estabas tan distante esa vez.

Buscás el pecado y no te sentís
pecador,
dejaste tu cruz revoleada
por algún lugar.
Y la verdad: me encanta pecar con vos.

No quiero ser tu reina,
no quiero una flor,
pero cuando te miro
el mundo gira en vos.

Juguemos por un rato,
juguemos al amor.
Me encanta pecar con vos.

No existe el sentido
si existe la contradicción.
Toda explicación se anestesia
cuando no hay razón.
Y si me mirás, yo pierdo el control.

Nene te estoy mirando,
nene mirame bien.
Dejame bien en claro
qué es lo que vos querés.

Si querés un segundo
o falsa eternidad.
Sé que nos entendemos
en nuestra irrealidad.

Me encanta pecar con vos.

jueves, 26 de junio de 2008

Sonidos que me encantan

El sonido de la lluvia. Las chicharras en verano. El final del mate. La explosión del globo de bazooka. Levantar la persiana. El ronroneo de Tanya. Las cuerdas de All my Love en el minuto 2.37. El ruido de las pelotitas de las bolsas que vienen con los electrodomésticos. El sonido de la puerta cuando entramos a casa. Los pies de la abuela, cuando se arrastran anunciando su presencia. La escoba de mamá, erradicando las hojas de la vereda. El sonido del mar, estimulante de sensación de libertad. El sonido ausente al estar apunado. Los gritos de los nenes que salen de la escuela. El ruido de cuando arranca el rápido. Sonidos simples, gratis, que me encantan. Sonidos que me encantan porque el sentido que más me encanta es el oído. Sonidos que me remiten a imágenes poco concretas, si los pienso un poco.

miércoles, 2 de abril de 2008

2 de abril

Sigo besando la espalda que me dio el estado.
Otro día más para ir a ningún lado.
Muchos de los que me amaron me dejaron a un costado
el resentimiento me enfermó y ya no pude salir.
Estoy en guerra desde que acabó la guerra
vendiendo recuerdos que nadie quiere recordar.
Yo no quiero mendigar, yo me lo quiero ganar
todos pasan y me miran con lástima,
no me mires más, no me mires más...
Nada me dejo la patria, me fui quedando a un lado
estoy harto de vivir para sobrevivir.
Usted ahora me pregunta de que me estoy quejando
y yo que puedo decir, soy del 2 de abril, soy del 2 de abril.
A un loco de la guerra nadie le quiere dar trabajo
será que hay demasiados trabajando en el país
conduciendo patrulleros, pueblos, taxis, colectivos...
Todo el mundo tiene su factor de poder,
yo quiero también,
yo quiero también.
Nada me dejo la patria, me fui quedando a un lado
estoy harto de vivir para sobrevivir.
Usted ahora me pregunta de que me estoy quejando
y yo que puedo decir, soy del 2 de abril, soy del 2 de abril.
Ahora sé como es el juego, me entrenaron como a un perro.
Todo el mundo tiene su factor de poder,
yo quiero también,
yo quiero también.
Nada me dejo la patria, me fui quedando a un lado
estoy harto de vivir para sobrevivir.
Usted ahora me pregunta de que me estoy quejando
y yo que puedo decir, soy del 2 de abril, soy del 2 de abril.

Attaque 77

martes, 1 de abril de 2008

*

¿Por qué, a veces, sentiremos una tristeza parecida a la de un par de medias tirado en un rincón?, y, ¿por qué, a veces, nos interesará tanto el partido de pelota que el eco de nuestros pasos juega en la pared?

Oliverio Girondo

Celeste Terrenal










Las callesitas de MI BARRIO tienen ese... qué sé yo... ¿viste?




Como en cada vuelta

de esa humilde calesita
el paisaje se repite
mientras que la Tierra gira.

Así como se encuentran
el día y la noche en la tarde
quiero que se fundan siempre
mis zapatos con tus calles.

Es que tenés olor a primavera
hasta en el más intenso frío,
es que vos viste mis besos,
es que vos escuchaste mis gritos.

Sos el aroma a tierra mojada,
sos testigo del dolor.
Sos cómplice de los sueños,
sos el mejor rock and roll.

Esos antiguos negocios
que carecen de modernidad,
no son más que el recuerdo
de las huellas al andar.

Es que cada esquina
es un dulce recuerdo vivo
que se deshace y que vuelve
como oasis y espejismo.

Desde que te conocí
yo no te puedo dejar,
porque fuiste quien me enseñó
que caminando en vos puedo volar.

Ayelén Arce
María Daniela Yaccar

lunes, 17 de marzo de 2008

La grandeza de lo simple


A veces la vida se desliza tan rápido que ni nos damos cuenta, y parece una maratón. Todos corremos sin otra meta que la propia autodestrucción, y quedamos cansados, emanando en cada gota de transpiración un pedazo de lo que fuimos, algún sueño, una meta, un ideal.

Y ciegos, como murciélagos, de día y de noche, no vemos. Tampoco escuchamos. O, lo que es peor aún, no nos vemos ni nos escuchamos. Ni siquiera nos cuestionamos acerca del porqué de nuestra existencia, ignoramos que ese es el interrogante que nos da la vida, el que nos reafirma como seres humanos, el que nos hace levantarnos cada día; aún cuando carezca de una respuesta fundada en la Razón o roce lo mítico/místico.

A menudo, cuando nos dedicamos a correr, nos olvidamos de lo pequeño y simple de la vida, que a la vez es lo realmente dotado de grandeza. De esos instantes breves que Sábato convoca a valorar en "La resistencia", porque sólo a través de ellos tendremos acceso a la eternidad, que es lo absoluto e inabarcable: una charla con seres queridos, un libro que enaltezca el alma, una canción que provoque inexplicables sensaciones, escribir aquello que sentimos y que nos pasa. Momentos que llegan a ser perpetuos para nuestra mente. Alcanzar la libertad y la eternidad en la fugacidad de las horas que pasan, tal debería ser nuestra tarea, y en los tiempos que corren no es precisamente sencilla, cuando todo es y no al mismo tiempo.

El hombre cree que si corre rápido tomará carrera y alcanzará el vuelo. Cuando era chica creía que subiéndome a las sillas y lanzándome al vacío podría volar. Hoy comprendí que ese es privilegio de otra especie, y me contento con contemplar la grandeza de nuestro cielo. Y vuelo, cuando mi imaginación alcanza niveles esperanzadores (es cuando me creo libre). Es cuando dejo de concebir a mi paso por este mundo como una agobiante maratón, ya que hay demasiado para ver, para percibir, para saber, para amar y para armar. Y hasta un viaje en colectivo me parece fabuloso. Siempre me gustó el olor a colectivo (vaya a saber a qué me remite ese aroma tan cotidiano), y disfruto de mirar el cielo escuchando "In the light", uno de mis temas de cabecera. Tres de mis sentidos activados, un poco de eternidad, en un instante banal e inevitable por demás.

domingo, 16 de marzo de 2008

Cuando el consumismo nos consume


“El déficit de compañía personal sin fácil solución en el universo de las personas se suple con la cuantiosa incorporación narcicista de los objetos, metamorfoseados en amables reflejos de uno mismo”*.

La reflexión, perteneciente al escritor español Vicente Verdú, pretende ser un disparador defensivo del consumismo como atenuador de la sensación de angustia y depresión prevaleciente en los seres humanos de nuestro tiempo. La práctica vendría a generar relaciones estrechas entre sujetos y objetos, en el momento en el que aquellos se ven imposibilitados de alimentar sus relaciones interpersonales en la vorágine del mundo actual.

El texto, demasiado simple para mi gusto (tratándose de un tema tan complicado), pretende desmitificar esta cuestión y no tomarla como una problemática, y hasta plantea relaciones de amor entre compradores y objetos comprados.

A esta altura, nadie podría negar que adquirir ciertos bienes y servicios hacen a nuestra vida más fácil y más rica. Algunos, prefieren los libros. Otros, la música. Y otros, la ropa o artículos tecnológicos. Pero de ahí a decir que las recaídas anímicas que sufrimos podrían sanarse mediante súbitas compulsiones a la compra, hay un trecho.

En principio, considero que las relaciones afectivas con estos objetos duran demasiado poco. Sí, podemos estar chochos por tener una televisión en nuestra habitación. Pero… ¿qué viene luego? Queremos un DVD, mejores parlantes, o una computadora. Eso es el consumismo. El adquirir objetos continuamente hace también que no podamos recuperar el sentido de la adquisición anterior.

En segundo lugar, el consumismo es uno de los resultantes del desequilibrio, de la desigualdad, de que algunos están “dotados” del poder adquisitivo del que otros carecen. De todos modos, vale aclarar que no siempre la gente que más tiene es la que posee ese… no sé cómo llamarlo. No le diré trastorno porque me parece un término demasiado negativo. Pongámosle, tendencia. De hecho, hay estudios que revelan que el consumismo afecta tanto a ricos como pobres. Algunos sueñan con tener acceso a determinados bienes, otros finalmente acceden pero ganando su pan con sangre, sudor y lágrimas. Que un joven carente de recursos para alimentarse saludablemente se desviva por unas zapatillas espeluznantes sólo por pertenecer a un grupo de pares, no me parece una conducta positiva.

De manera un tanto más catastrófica podría decirse también que el consumismo azota nuestros recursos naturales. Los espacios verdes, los territorios vírgenes, las selvas; todo eso disminuye para dar espacio a grandes centros comerciales, fábricas, gente, casas. El consumo es el motor del mundo y eso está claro. Pero una cosa es el consumo. Otra es el consumismo.

Verdú finaliza su artículo con un interrogante: “¿Cómo negar que el mundo en donde vivimos se compone cada vez más no de seres humanos, animales o plantas que nos importan sino de una boyante especie de objetos bellísimos y, a menudo, tan seductores y complacientes que la existencia iría apagándose si, como los más obstinados proponen, desaparecieran o los ahuyentaran de nuestro alrededor?”. Objetos bellísimos, sí. Pero, al mismo tiempo, sólo eso: objetos. Objetos que no podrían ni podrán reemplazar otras “cosas” mucho más bellas, seductoras y complacientes que el mundo tiene para ofrecernos, como los animales. O las plantas.

*”No es pecado ser consumista”, Vicente Verdú. Clarín, jueves 13 de marzo de 2007.

INSIDE


Luces, cerveza, música: los ingredientes eran los mismos que los de cualquier fiesta. Las horas se desenvolvían en charlas más o menos fútiles con amigos, bailes desenfrenados y fracasados intentos de seducción al sexo opuesto. Algo alteraría la normalidad de esa noche. Fue cuando la vio: estaba hermosa, y su piel blanca y tersa completaban la invitación para recorrerla, acariciarla, abrazarla. Escuchó su voz y era más dulce que otrora, vio sus ojos y escondían misterios infinitos, y su cintura era aún más diminuta.

La abominable resaca del día siguiente no atenuó sus deseos, y se despertó con la sensación de estar a su lado. El aroma a jazmín que penetraba por la ventana no hacía más que reforzar las patadas de su memoria y revivió aquellas tardes de mate afuera como rito compartido. Su cerebro no cesaba de enviarle información relacionada con ella. Repasaba sus olores, su contorno, sus gestos y movimientos.

“¿Cómo la pasaste anoche?”, interrogó el amigo del primer llamado del día. “Bien, me agarré una curda tremenda”, respondió. Y la charla continuó como continúa cualquier charla telefónica con un partenaire de aventuras, pero esta vez sin hacer alusión a su estado mental (¿o interno?).

Sólo allí comprendió que la seguidilla de acontecimientos que se daban en concreto no era más que un relleno, un escenario, y que detrás del telón se ocultaba la verdadera vida, aquella que se presenta en algún sector de nuestra psiquis bajo la forma de recuerdos (a veces mentirosos), de deseos (a veces insatisfechos), de sentimientos (a veces confusos). Que esos recuerdos después se vuelven recuerdos ("esta música me recuerda al momento en el que me puse de novia con Fulanito", lo cual en realidad remite al recuerdo de ese momento), que cuando esos deseos se concretan aparecen otros o bien dejan el signo de algún sentimiento. Que la verdadera vida transcurre adentro, aún cuando logramos materializarla para que otros la comprendan o nos ayuden a comprenderla. El gran Luca lo dijo: “Real life is inside”.

martes, 26 de febrero de 2008

LUMEN

Él dejó en tu mente
los recuerdos más bonitos.
Él te está mirando
desde lo alto del infinito.

Él dejó su mano
tendida sobre la tuya,
por él los ángeles ríen
cuando hay eclipses de luna.

Él es tu pasado,
tu presente y tu futuro,
pues en tus locuras y gestos
hay un pedacito suyo.

Conservas sus ojos desafiantes,
sus comentarios risueños.
Él se esconde en tus palabras,
en tus alas, en tus sueños.

Él está en tu risa
y en tu llanto de hoy,
pero no quiere que llores:
él siempre te daría el sol.

Por eso no llores porque no está,
hazlo por los instantes de felicidad.
Él compra un pasaje de vuelta
cada vez que en él tú piensas.

Por eso no llores porque no está,
dedícale un llanto de eterna paz.
Devuélvele en tus lágrimas la lealtad
y lo que siempre te enseñó de la integridad.